CLAUDIO MONTEVERDI

«Haz que vuelva mi amor tal como antaño fue, o déjame morir, para que no sufra más….

Así, entre amargas lágrimas, llenaba el cielo con su voz; así en el corazón de los amantes el amor mezcla el fuego con el hielo” – Madrigal extracto “Lamento de la ninfa”

Monteverdi el “Último compositor de Madrigales “

(Cremona, bautizado el 15 de mayo de 1567 – Venecia29 de noviembre de 1643)

Podríamos decir que Monteverdi es una figura crucial en la historia de la música ya que marca  la transición entre la tradición polifónica y  madrigalista. Y es de la figura más importante de la transición entre la música del Renacimiento y del Barroco.

Pero que es un Madrigal ¿?

El Madrigal (el término significa rebaño; dicc ),  era una forma musical que tuvo su inició en el siglo XIV. Y en su origen eran poemas profanos musicados.  Estos primeros madrigales sencillos, eran estrofas de dos o tres versos y un ritornello final de uno o dos versos, y sin demasiados cambios armónicos.

El Madrigal fue junto con el Motete fue una de las formas musicales más usadas por los compositores Renacentistas, cuya diferenciación radica  en el carácter profano de la primera y el carácter religioso de la segunda.

Pero fue con Monteverdi cuando el  Madrigal consiguió su máximo esplendor y su mayor desarrollo musical. Monteverdi transforma el Madrigal en una obra de tres actos, con cambios armónicos más arriesgados. Tal como podemos oír, como ejemplo, en el “Lamento de la ninfa”).

 

(Octavo libro de madrigales, “Madrigales guerreros y amorosos”, recopilación de 1638 dedicada al emperador Fernando III de Habsburgo. Para soprano, dos tenores, un bajo y bajo continuo, y el texto basado en una canzonetta de Ottavio Rinuccini)

[Esta versión forma parte de la pelicula- Le Pont des Arts o / País:2004 / Guión:Eugène Green/Música:Claudio Monteverdi/Fotografía:Raphaël O’Byrne/Productora:Mact Productions]

Podéis comparar las dos versiones. Diferentes ¿verdad?  ¿Cuál os gusta más?

La diferencia está en la parte  central donde,  hay con un claro carácter teatral, podríamos decir operístico, intensificado por las libertades rítmicas que Monteverdi concede a la cantante, “que va cantando siguiendo el tiempo del sentimiento” (“qual va cantato a tempo dell’affetto del ánimo”), de acuerdo a la indicación del compositor. Esta libertad rítmica   – Monteverdi – la equilibra, con un bajo ostinato, y una serie de cuatro acordes descendentes (la, sol, fa, mi) que se repite a lo largo de toda esta sección, y que establece el ordenamiento armónico de toda la pieza.

 

La opera

En 1607 se estrenó Orfeo, favola in musica, que esta obra fue la que marcó el Barroco, su primer drama musical surgido de la colaboración del músico con Alessandro Striggio, autor del texto y funcionario de la corte del duque de Mantua.

Esta ópera representa tal vez la evolución más importante de la historia del género.  A través del hábil uso de las inflexiones vocales, Monteverdi intentó expresar toda la emoción encerrada en la alocución del actor, llegando a alcanzar un lenguaje cromático de gran libertad armónica. La orquesta, muy ampliada, era utilizada no sólo para acompañar a los cantantes, sino también para establecer las diferentes situaciones de los actos. La partitura de Orfeo contiene catorce partes orquestales independientes, imaginaros lo que debió ser para la sus contemporáneos asistir a tan fausto espectáculo.   Por desgracia,  una gran tragedia planeó sobre la música, su siguiente ópera Arianna, 1608, se perdió la música y tan solo nos queda, el famoso Lamento de Ariadna.

 

La desaparición de la música de esta ópera no es un caso aislado; la mayor parte de las obras teatrales de Monteverdi se perdieron, incluyendo seis de sus nueve óperas. Tal desastre, se lo debemos a la guerra de Sucesión de 1630 donde Mantua fue arrasada. La importancia de  esta perdida,  la podemos comparar como si se hubieran destruido gran parte las obras pictóricas más representativas de la época, como las de Caravaggio y Rubens, por poner un ejemplo.

Lo poco que sabemos de estas obras, son gracias a la correspondencia de Monteverdi con sus libretistas. En estas cartas se puede ver el gran rigor de su criterio al escoger un libreto. Si el libreto no le emocionaba, él no le ponía música. Y sus libretistas de guardaban mucho de contrariarle, ya que sus criterio era estricto. Monteverdi, no gustaba de exageraciones pomposas, él quería cautivar con las emociones, por eso las letras tenían que ser livianas y cargadas de “afectos”.

Ahora un podéis observar y sobretodo escuchar, la maravillosa recreación que hace Jordi Savall de  Orfeo, favola in música; Fantástica  ¿No?

 

La vida

Monteverdi nació en Cremona.  Siendo niño, entró a formar parte del coro de la catedral, donde supo que su vocación era la música, donde fue capaz de  tocar muy bien, todo tipo de instrumentos, particularmente la viola. Su padre intuyendo que la naturaleza le había dotado de grandes cualidades a su hijo,  encargó a Marcantonio Ingegneri, uno de los más brillantes representantes de la nueva música veneciana su formación.

Claudio asimiló bien sus enseñanzas, tras componer varios libros de madrigales, destaco en la corte de los Gonzaga, señores de Mantua, con apenas 23 años.

(Monteverdi compuso en total nueve libros de Madrigales).

En el siguiente enlace podéis encontrar su todo el catálogo de  su obra para descargarla gratuitamente y de forma legal.

http://imslp.org/wiki/List_of_works_by_Claudio_Monteverdi

En Mantua, estrenó su primera ópera, La fábula de Orfeo, donde conoció a Claudia Cattaneo, cantante de profesión. Con la que se casó.

El mismo año en que Monteverdi pensó en dejar Mantua, falleció Giulio Cesare Martinengo, maestro de la capilla de San Marcos. Era este un cargo muy deseado por los músicos de la época. Las autoridades venecianas estaban buscando un sustituto y pensaron en él.

Venice, Basilica di San Marco

A fin de poner a prueba sus capacidades, le hicieron un examen. Monteverdi debía componer y dirigir una misa en la Basílica, ante los cuatro procuradores encargados de juzgarlo. Los días previos a la prueba ensayó la obra con los cantores y la orquesta de la capilla en la iglesia de San Giorgio Maggiore. Cuando su música empezó a sonar, nadie tuvo ninguna duda acerca de su capacidad y fue contratado. Este nuevo cargo le daba una retribución de trescientos ducados anuales, que era mucho más de lo que ganaba en Mantua, y otros cincuenta para hacer frente a los gastos del traslado. Dejando a tras sus penurias económicas.

Monteverdi volvió a Mantua para recoger sus pertenencias y luego tornó a Venecia acompañado por su hijo Francesco. Desgraciadamente, cerca de Sanguinatto, tres ladrones asaltaron el carruaje y le robaron cuanto tenía.

Pero la vida siguió y supo sobreponerse al percance. Así que una de las primeras decisiones que tomó al hacerse cargo de la capilla fue escoger como maestro de conciertos a un violinista, Francesco Bonfante. Las capillas musicales de toda Europa habían sentido hasta ese momento una clara preferencia por los instrumentos de viento. Así que,  al organizar Monteverdi la suya bajo el imperio del violín, impulsó una sonoridad y una nueva estética, la estética moderna, de la que fue el promotor.

Pero, ya antes de llegar a Venecia, un colega de nombre Artusi censuró sus innovaciones en un libro titulado Sobre la imperfección de la moderna música.  (un elaborado tratado de 71 folios).

Dice: “L’Artusi, o las imperfecciones de la música moderna. Dos Discursos en los que se discuten muchas cosas útiles y necesarias para el Compositor moderno”. A este compositor, según él, le hacen falta sus consejos, porque  “en vez de enriquecer, aumentar y ennoblecer la armonía a través de distintos medios, como lo ‘han hecho tantos espíritus nobles, lo reducen a tal estado, que el estilo bello y purificado no puede distinguirse del bárbaro”.

Artusi no comprendía el interés de expresar musicalmente los sentimientos. A su juicio, para hacer esto había que romper con las reglas consagradas y no veía ninguna ganancia en introducir los sentimientos en música a cambio de violar los principios de los maestros. Monteverdi no compartía este punto de vista. Pensaba que ambas cosas eran compatibles.

“El respeto de las normas no debía convertir la música en algo frío y abstracto. Si las reglas conducían a ello, mejor destruirlas.”

Claudio quiso poner todo esto por escrito y demostrar que tenía razón, pero era músico, no escritor, y nunca llegó a concluir su libro.

Monteverdi solía decir que, para empujarle a la perfección musical, Dios no podía haber hecho nada mejor que enviarlo a Venecia, una ciudad en la que reinaba la armonía en todas las cosas. En Venecia,  era objeto de la deferencia de los nobles y del amor del pueblo. En poco tiempo, se convirtió en una de las glorias de la ciudad, y hasta los propios músicos, por lo general tan celosos del talento ajeno, decían que era un Apolo viviente.

Tal fue su importancia que, cuando Monteverdi murió en 1643, fue tal el reconocimiento de sus contemporáneos que no contentos con las primeras honras fúnebres,  al que asistieron  el dogo y el Senado en pleno, le organizaron unas segundas, iguales de pomposas, en la capilla de los lombardos de la iglesia de Santa María Gloriosa dei Frari, con enorme fastuosidad, dirigidas por Giovanni Rovetta, sustituto de Monteverdi. Delante de una enorme multitud  que se arremolinó en la gigantesca iglesia para darle el último adiós, al maestro

Pero el final no podía ser más novelesco, como en todo gran hombre. Aldegati, con el que Monteverdi había tenido una de unas peores experiencias en vida:

“Fue una mañana del ocho de Junio de 1637, cuando Domenico Aldegati (cantor de la capilla ducal), enfadado con el reparto que se había hecho del dinero abonado por las monjas del convento de San Daniel por la función de vísperas celebradas poco antes en su convento, insultó al maestro delante de la Basílica  de San Marcos diciendo a gritos que era un charrán, un ladrón…

¿Por qué Domenico Aldegati insultó al anciano maestro? Nadie lo sabe. Tal vez ni siquiera lo supiera él. Además, es preferible renunciar a averiguar el motivo de sus insultos porque la tarde misma del incidente negó haber declarado lo que se le imputaba. “Siempre he respetado al maestro”, dijo a quienes lo escuchaban. Se había arrepentido. “Las imprecaciones que brotaron de su boca, eran producto de una voluntad más poderosa que la suya.”

Monteverdi sintió que el sentido de su cargo y de su obra estaba en juego. El maestro era el símbolo de la concordia reinante en Venecia, si el cantor no recibía un castigo, si no se atajaba de inmediato aquel acto de rebeldía, el ejemplo cundiría igual que la peste. Debía denunciarlo ante las autoridades…

El proceso comenzó el 12 de Junio y duró un mes. El acusado trató de defenderse diciendo que sus improperios no iban dirigidos al maestro, sino a su ayudante. Las pruebas tampoco dejaban lugar a dudas. El asunto estaba claro y el culpable recibió su castigo, un castigo leve porque en el último momento Claudio solicitó al tribunal que fuese comprensivo con un hombre que seguramente había padecido un arrebato circunstancial. Él mismo lo perdonó, readmitiéndolo en la capilla, aunque antes hizo prometerle que jamás volvería a injuriar a ninguno de sus miembros.”

Por eso cuando el sepulturero, vigilado por los entristecidos rostros del público, selló la tumba, un individuo uniformado con el hábito de los cantores de la capilla ducal se abrió paso entre la multitud y se arrojó encima de la lápida sollozando y rogando a grandes voces el perdón de Dios.

 

Por LupoCapra – Obra do próprio, CC BY-SA 3.0

Era Aldegati, quien juró que mientras él viviera habría siempre flores frescas sobre la tumba del maestro.  Y así ha sido, en efecto, durante tres siglos y medio.

¿Quién las pone?

Nadie lo sabe… O si.. Pero yo prefiero el Misterio…

 

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